La Capilla de Villa Benegas

Inauguración de la capilla

Como dice Doña Francisca Alarcón al titular su libro «Honrarás a tu tierra y a su gente» queremos rescatar y revalorizar historias de nuestros pueblos y sus capillas, caminos y costumbres, gente de fe sencilla y humilde de nuestros lugares y parajes llenos de riquezas y tradiciones que el mismo Santo Cura Brochero supo valorar, cuidar y pastorear.

Nos dice Doña Francisca:

«Se tienen noticias que en el invierno de 1954, siendo directora la señorita Ilda Gómez, durante una reunión de la cooperadora escolar, se habló de la posibilidad de construir un oratorio. En el mismo año y al finalizar un acto escolar, algunos concurrentes se demoraron en el patio de la familia Benegas, para tratar el tema. Se adelantó en el proyecto formándose una comisión, momento en que don Rafael Benegas declinó su designación como presidente, ya que lo era de la cooperadora escolar y surgió que fuera don Antonio Alarcón.
Don Salvador Benegas ofreció donar el terreno, y doña Elena de Gómez -catamarqueña- la imagen Patrona, si era la Virgen del Valle.
Todo esto fue comunicado al Párroco de Mina Clavero,sacerdote Julio Triviño que era el pastor de esta parte del rebaño.
A partir de 1955 se realizaron bailes, rifas, partidos de futbol, de todo para obtener fondos destinados a la obra.
La generosidad fue sin medida. Las familias prestaban sus casas, sus escasas comodidades, sus campos, sus animales de carga.
Sólo cuando hayamos desaparecido todos, se borrará el recuerdo de las fiestas en don Ballón Cuello, don Rafael Benegas, don Antonio Alarcón, doña Juanita de Pedernera. Cada uno daba lo que podía, pollos, huevos, cabritos, grasas, leña. Cada uno colaboraba con lo que sabía hacer, animaban las guitarra y acordeón: Ceferino Pedernera, Dimas y Juan Reina, Patricio y Salvador Aguirre, Tomás Benegas, Ambrosio Quinteros. Hacían los asados don Salvador Benegas y don Bailón Cuello. las mujeres hacían y vendían empanadas, tabletas, café y hasta mate. Desfilan nombres como doña Antonia, doña Jerónima, doña Hermelinda y doña Juanita, doña Pancha, doña Secundina y doña Juana.
Se vendían rifas, también tareas de las mujeres y se recolectaban donaciones. En este último rubro se destacó don José Pérez. Hubo quien donó directamente trabajo, como el caso de don José Luis Rosales, que puso su capacidad al servicio de la obra durante diez días.
Un párrafo aparte, por justicia, merecen los esposos Godoy, Antonio y Paula. Participaron siempre en las distintas comisiones que se sucedieron, no faltaron jamás ni hicieron faltar su donación.
La obra fue pensada y realizada casi en su totalidad por don Antonio Alarcón, cobrando sí, pero un mínimo, y tuvo como compañero casi permanente a don José Pérez (que se venía desde Río Hondo) ambos tenían por esa época más de 60 años. Con posterioridad se observa que el terreno donde se construyó pertenecía a Isabel Benegas, religiosa de San José hija de Don Waldino Benegas. En la última etapa se sumó la ayuda de dos veraneantes en lo de doña Máxima.
Las señoritas Gali y Angaroni, recaudaron dinero en Córdoba que hicieron llegar como así también la Imagen de la Virgen y cuatro bancos donados. La inauguración tuvo lugar el 25 de febrero de 1961.
La Virgen fue traída en procesión desde el puesto Pérez, hubo bombas de estruendo a su llegada. El Padre Triviño celebró misa, durante la cual se leyó un documento que se guardó en una botella y está en una piedra ahuecada enterrada próxima al altar. Al finalizar la ceremonia el sacerdote dio algunas palabras agradeciendo a Dios y felicitando a los vecinos con un «esta será la escalera que los conducirá al cielo».
Luego hubo asado (don Pancho Guzmán había regalado un ternero) y baile que duró hasta el otro día.
Esta síntesis, intenta sólo evitar el olvido total. Sabemos que no podrá ser del todo justa, porque se nos quedan hechos y nombres que por ahora no asoman. Por eso rogamos que sumen sus recuerdos a los nuestros y que todos se vean reflejados en la historia de esta capilla que hoy cobija bautismos, comuniones y bodas, en la celebración permanente del pueblo de Dios.
En el 2003 hubo confirmaciones, con la presencia del Obispo Colomé».

(Del libro «Honrarás a tu tierra y a su gente» de Francisca Alarcón» pag. 37 al 41)

Confesiones

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