La noticia de la muerte del Cura de Traslasierra, San José Gabriel del Rosario Brochero, fue llegando a las oficinas y telegrafos de la época, a los distintos periódicos y diarios. Es interesante lo que detallan de Brochero, su persona, su perfil y visos de santidad. Estas son algunas de las notas publicadas…
Fuente: «La Faceta periodística del Santo Cura Brochero» de Lic. Liliana de Denaro.
Fallecimiento: La Argentina (?) 27 enero 1914, 3.
Córdoba, enero 27 – Falleció en Tránsito el Canónigo José Gabriel Brochero, tan popular como querido.
El Canónigo José Gabriel Brochero + ayer en Córdoba: La Razón (Buenos Aires) 27 enero 1914, 7.
Acaba de fallecer, en una de las localidades serranas de Córdoba, la figura más po-pular y prestigiosa del Clero Nacional de esa provincia y acaso del de toda la República, el Canónigo Brochero, sacerdote de clara inteligencia y acendrada virtud, de ejemplar ce-lo apostólico e infatigable actividad.
Convencido de que la eficacia de su noble apostolado exigía en las poblaciones primitivas de la Sierra modalidades especiales, adaptose al medio en tal forma que era di-fícil descubrir la figura sacerdotal en su indumentaria y en sus maneras y lenguaje, aun-que se revelaban su profunda fe y sus virtudes generosas en la menor de sus acciones.
Llegó así a conquistar un influjo absoluto y un renombre envidiable que abarcaba toda la región serrana de Córdoba, ramificándose por La Rioja, San Luis, Catamarca y Santiago [del Estero], influencia que lo mismo se ejercitaba para someter a sus feligreses a severos Ejercicios Espirituales, como para aplicarlos a la construcción de un templo o de una escuela o para comprometerlos en una campaña política.
Poco a poco fue trascendiendo, en la docta ciudad, la fama de esos prestigios que al fin confirmó la Iglesia con la dignidad de Canónigo – que el Cura Brochero desempeñó a su manera, sin renunciar a su sencillo y altruista apostolado serrano – en el cual ganó el respeto, el cariño y la admiración de cuantos le conocieron, reconociendo en él el prototi-po del pastor de almas, tal cual lo hemos visto retratado en otras épocas y en otros me-dios, en las más admirables y ejemplificadoras páginas de la literatura cristiana.
Por eso la muerte del anciano sacerdote será, para Córdoba y para el país, motivo de un verdadero y sentidísimo duelo público pues, en aquella su ciudad natal, contemplá-ronse sus obras y no sus exterioridades, apreciándose su virtud, su saber, su experiencia, su carácter, disculpándose sus características a veces antagónicas al medio urbano en que accidentalmente actuara.
Por todos esos motivos, la muerte del Cura de Dolores76 será, como decimos, un duelo público y bien justificado por cierto.
José Gabriel Brochero – En Tránsito (San Alberto): La Voz del Interior (Córdoba) 28 enero 1914, 3.
Era una figura típica, inconfundible y simpática a la vez. Semejaba un hombre de otra época, vivido más en [la] tradición que en el hecho, según eran de inusitados y singu-lares los rasgos que acentuaban, de manera prominente y extraña, su modo de ser, acaso sin ejemplo.
Constituía una entidad moral de prestigios hondamente arraigados y enteramente pro-pios, con influencia efectiva y comprobada en largos años de acción difundida en distintas regiones de la provincia, consolidando al par que la obra – modesta o grande según se la mi-re – a la cual consagrándose con absoluta abstracción de toda otra, su misma personalidad fuerte, legendaria, individual y sin contrastes.
Bueno, servicial, abnegado, infatigable, luchador esforzado, tal fue el Canónigo Don José Gabriel Brochero fallecido en Tránsito (San Alberto), precisamente donde produjo su labor los más evidentes resultados y donde gozó de enorme ascendiente que dábale la gloria de un verdadero patriarca donde reinó como un verdadero y noble pastor de almas. Esto úl-timo y no otra cosa, fue en esencia. No el Cura “de aldea” de la novela célebre, sino el após-tol de Cristo, sufrido, sin tacha, esforzado, que a través de medio siglo ejerce su ministerio con maneras propias, es cierto, pero eficaces e imponderables en la finalidad.
Fue Brochero un ejemplar único de nuestro Clero por las características fuertemente individuales de su personalidad, de su acción y de sus medios. Distinto a todos y resumién-dolos en el estoicismo y en la consagración sin límites, que por encima de su propia investi-dura, el incontrastable prestigio que dábale su espiritualidad, sus maneras inconfundibles de actuar y sus procedimientos peculiares, de asombrosos efectos.
Brochero conocía, sin disputa, el ambiente en que ejerció su acción. Acaso nacido y formado para vivir en él, pudo desenvolver con extraordinaria eficacia, merced a esas mis-mas cualidades suyas, tan bien definidas, tan positivas, tan esenciales, en una palabra.
Muchos años vivió en San Alberto, en el medio indócil y casi bárbaro, cuando la mon-tonera acampaba en sus valles y Guayama producía sus salteos desde los bandidajes.85 Allí se estableció, predicó, enseñó, construyó y obtuvo frutos espléndidos de su labor realizada con admirable desinterés, con incomparable constancia.
Edificó templos, fundó escuelas, convocó al auxilio de los gobiernos, civilizó, en fin, entró en el espíritu de sus feligreses, llegó al seno de los hogares redimiendo rencillas, poniendo paz. Y fue, por último, un verdadero propulsor y coautor de los grandes progresos de la región serrana de Córdoba en la última mitad del siglo pasado.
Ningún hombre llegó a tener mayor dominio sobre aquellos pobladores y nadie logró, en servicio de ellos mismos, mayores beneficios generales. Brochero en las sierras, significó todo, era de ver el cariño con que se escuchaba o se pronunciaba su nombre. La fama salvó, de esta manera, los límites de su Curato y resonó como en tierra propia en buena parte de La Rioja, Catamarca y San Luis.
Sus recursos en la prédica eran particulares, exclusivos, tanto que más de una vez lle-garon a ser risueños; pero Brochero inalterable, continuaba en ellos, con profunda fe y bien probado acierto. Supo trocar la gravedad de su ministerio en sencillez y bonomía que alcan-zaron a ser clásicas en el país entero, trayéndole el interés y la simpatía, al mismo tiempo que una milagrosa popularidad.
Brochero confió siempre en sus medios y tal vez por ello, nunca se equivocó. Y era ciertamente grato recordar, en estos últimos años de su vida, lo que fue cuando, en plena po-sesión de sus fuerzas físicas y en pleno vigor de su espíritu, llenaba casi insensiblemente, la página más original y una de las fojas más nutridas que se conocen en el Clero argentino.
¿Tuvo Brochero talento? Acaso más que esto, tuvo beacidad y experiencia, sentido práctico y misteriosos recursos de persuasión. Aquellos sus modales tan típicos, sus rasgos tan singulares, así lo prueban.
Orador sagrado de fuste – en el sentido en que se lo conceptúa – no fue por cierto; no tenía la serena y vigorosa fuerza de persuasión de Mamerto Esquiú, ni la alta elocuencia de Marcolino Benavente, ni mucho menos la vehemencia de Jacinto Roque Ríos, pero sabedor de su medio, experto conocedor del mismo, a él se amoldó por entero y sus pláticas nunca fueron oraciones de púlpito, sino charlas sencillas y chispeantes que atraían [al] auditorio y producían casi insensiblemente, el buscado efecto.
Todas estas características de Brochero hicieron de él el Cura de campaña por excelencia, en la integridad de sus atributos, y si su prestigio fue grande también en la ciudad, se debió a [la] lógica acción refleja, a [los] ecos bien llegados de su obra en las regiones más desamparadas de la civilización.
Tal fue, trazada a ligeros rasgos, la silueta de José Gabriel Brochero, cuya fama llena-ba toda la nación, por virtud propia y efectiva. Ha muerto, ahora, en aquellos sus centros bien amados a los cuales [se] entregó por entero en una prédica eficaz, larga y constante.
Y lo vemos partir, en su viaje eterno, con el hondo sentimiento que acompaña a los que dejan algo más que un recuerdo y que fueron en su vida, a la manera de un ejemplo o supieron constituir un centro de atracción y de cariño, quedando adheridos a la tradición, cuando no a la historia.
De Tránsito. Sepelio del Canónigo Brochero: La Libertad (Córdoba) 28 enero 1914, 1
Cuando en su paso por la vida, los espíritus superiores dedican todos sus momentos y energías a practicar el bien bajo cualquier forma o aspecto, dejan en pos de sí una estela luminosa formada por los más puros afectos, de amistad, cariño y gratitud. Una gran ma-nifestación de todos estos sentimientos, ha dado lugar el sepelio del Canónigo Brochero. Puede decirse que el duelo ha sido general.
Ante su tumba hablaron los Curas Acevedo y Angulo, don Justiniano Recalde, don Casiano Vidal y el señor Andujar, del Rosario, que veranea en esa. Y la concurrencia extraordinaria, de todas las clases sociales, escuchó con recogimiento las oraciones fúne-bres, dedicando todos, un recuerdo de admiración al virtuoso ministro que desempeñó en vida su misión, predicando con el ejemplo.


