Texto del Evangelio:

«Uno de ellos, al verso curado, regresó alabando a Dios en alta voz, y se postró rostro en tierra a los pies de Jesús dando gracias. Este era samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: ‘¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?'»

(Lucas 17, 11-19)

Petición

«Señor, que sea agradecido con el don de la vida y de la fe.»  Repite esta oración en tu interior. Cierra los ojos un momento, respira hondo, deja que resuene profundamente en tu corazón la petición. Permití que este deseo de gratitud te acompañe durante esta oración.

Puntos

En este primer día de la novena, reflexionamos juntos sobre dos hechos esenciales que sostienen nuestra existencia: la vida y la fe. La vida, ese regalo único que Dios nos ha dado, nos invita a detenernos un momento y pensar: ¿Estoy viviendo con plenitud o solo sobrevivo en la rutina? La vida no es simplemente pasar los días, sino abrazar cada instante como un regalo irrepetible. Pensá en tu propia vida: ¿cuántas veces has dejado que las preocupaciones y el cansancio te impidan disfrutar de lo que realmente importa? Quizás hoy es el momento de preguntarte: ¿Estoy apreciando el regalo de estar vivo, de relacionarme con los demás, de tener oportunidades cada día para crecer y aprender? ¿Qué momento de tu vida sentiste que ha sido un verdadero regalo?

Luego está la fe, esa fuerza que nos ha sido transmitida como una herencia viva, muchas veces de manera silenciosa, a través del ejemplo de quienes nos amaron y nos guiaron. La fe no es solo creer en Dios, es confiar en que Él camina con nosotros, incluso en las situaciones más inciertas. Pensá en tu propia historia: ¿En qué momentos de tu vida te apoyaste en la fe para seguir adelante? ¿Cuándo sentiste que esa confianza interior te sostenía en los momentos difíciles? Quizás la fe llegó a través de palabras, gestos o simples silencios que te recordaron que Dios estaba ahí. Hoy, dejate interpelar: ¿Cómo cultivas la fe en tu vida cotidiana? ¿Te permitís detenerte y reconocer esa fe que sigue viva, aunque a veces se esconda tras la rutina?

También es importante reconocer de dónde viene esa fe: de tu familia, de las personas que te han acompañado, de quienes te vieron con su ejemplo lo que significa confiar en Dios. Tal vez recordás a tus padres, abuelos o maestros de la fe que, con sus palabras o actos, dejaron una marca en vos. ¿Qué enseñanzas o recuerdos te transmitieron que siguen vivos en tu corazón? Hoy, esta estación te invita a mirar con gratitud esos momentos, esas personas, y preguntarte: ¿Cómo estoy continuando esa herencia? ¿Estoy dejando que la fe me transforme y me impulse a transmitirla a otros, como lo hicieron conmigo? ¿Qué puedo hacer hoy para fortalecer mi relación con Dios y vivir con más gratitud y plenitud?

La vida y la fe no son dones abstractos: son experiencias reales, tejidas en los encuentros, los desafíos y los momentos de gozo que forman nuestra historia. José Gabriel del Rosario Brochero vivió plenamente estos regalos desde el momento de su nacimiento y bautismo, confiando en que cada paso de su vida era un camino hacia Dios. Vos también estás invitado a hacer lo mismo. Hoy es el día para reconocer esos regalos en tu propia vida, agradecerlos y dejar que te impulsen a vivir con más amor, confianza y entrega.

Preguntas para la Reflexión

  • ¿Estoy viviendo con plenitud o simplemente déjo que los días pasen?
  • ¿Qué momentos de mi vida me sentí como un verdadero regalo de Dios?
  • ¿Cuándo fue la última vez que agradecí por el don de la vida y de la fe?
  • ¿Cómo cultivo mi fe en el día a día?
  • ¿A qué personas reconocen como transmisores de la fe en mi vida? ¿Qué me enseñaron?
  • ¿Estoy dispuesto a transmitir a otros la fe que me ha sido regalada?

Coloquio

Imagina que estás frente a Jesús. Él te mira con ternura y te pregunta: «Hijo mío, ¿qué quieres agradecer hoy?». Toma unos instantes para hablar con Él con sinceridad. Cuenta lo que hay en tu corazón. Si hay algo que te cuesta ver como un regalo, decíselo también. Jesús te escucha con amor.

Después de ese diálogo, repite en tu interior:

«Señor, ayúdame a reconocer cada día la vida y la fe como regalos. Que no deje pasar los días sin agradecer, sin vivir con plenitud. Que mi corazón se ensanche en gratitud y confianza, y que, como Brochero, pueda caminar con esperanza sabiendo que todo es gracia. Amén.»