A 10 años de la canonización de San José Gabriel Brochero por el Papa Francisco en el Vaticano, 16 de Octubre de 2016, toda la comunidad diocesana de Cruz del Eje y fieles devotos celebraron una fiesta plena de fe el pasado sábado 24 de Setiembre en la Eucaristía celebrada en la Plaza Centenario de Villa Cura Brochero. Fue significativa la presencia del Ministro de Culto de la Nación y Ministerio de Arzobispados y Obispado de la Nación, la Senadora de la Nación por Córdoba Alejandra Vigo y el Sr Intendente local Profesor Carlos Oviedo.
La Santa Misa fue presidida por Mons. Ricardo Araya, Obispo Diocesano de Cruz del Eje iniciada a las 19.30 h. Con la presencia de Mons. Carlos Ñañez, Arzobispo Emerito de Córdoba, los sacerdotes del Santuario y diocesanos y diáconos junto a muchos fieles del pueblo de Villa Cura Brochero y peregrinos de otras provincias. Se pudo hacer memoria agradecida de los vivido y compartido hace 10 años tanto en Roma como en muchos lugares de país.
Previo a la Santa Misa se realizó a las 11 h Misa y bendición con el poncho reliquia. Por la tarde un Evento Solidario organizado por Cáritas y momento de oración animado por la Renovación Carismática Catolica. a las 18.30 h un momento especial en el escenario principal la representación del Rincón Brocheriano con signos que caracteriza al Santo Cura Brochero. Al termino de la Santa Misa descubrimiento de placas y reconocimiento a autoridades presente en el monumento Centenario donde se emplaza la estatua del Santo Cura Gaucho. Finalizó la jornada con representaciones artisticas junto al cantaautor local Luis López.
Texto completo de la Homilia de Mons Ricardo Araya:
10 AÑOS DE LA CANONIZACIÓN DE BROCHERO
«Hoy cuando celebramos 10 años de la canonización del Cura Brochero, Jesús nos recuerda el más grande y el primer mandamiento: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu espíritu». Y el segundo es semejante al primero: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
Siempre lo importante es el amor a Dios y al prójimo
Conocemos que “luego de la muerte del Cura Brochero, los fieles siempre se reunieron a orar junto a su tumba, y pocos años después ya había testimonio de gracias recibidas por su intercesión”.
Pero recién en 1963 los Obispos de la provincia de Córdoba escriben a Roma mencionando la necesidad de «exaltar la persona humilde, pero robusta y heroica, del sacerdote que por más de cuarenta años fue párroco y apóstol infatigable en la zona oeste de la Provincia… que supo abrir surcos tan hondos en la vida religiosa de Córdoba».
Al año siguiente, el Episcopado Argentino adhiere a las plegarias para abrir el camino de la canonización. Largo fue el camino, muchas las dificultades.
Sin embargo, este largo anhelo se concretó hace 10 años, cuando el Papa Francisco canonizó al Padre Brochero el 16 de octubre de 2016. La causa había comenzado mucho antes, en 1967, y culminó en 2016.
Aquí están presentes muchos de los que trabajaron por la causa. Y están también presentes otras personas que ya recorrieron completo el camino de Brochero y, pasando por la muerte, ahora gozan del cielo.
La santidad de Brochero tiene las características propias de la gente con la que vivió: «una santidad heroica que puede compaginarse perfectamente con cierta tosquedad de expresiones, muy criollas e inocentes…»
Hoy vislumbramos que los caminos que en otro tiempo anduvo Brochero y la gente de estas sierras, de sur a norte, serán en el futuro caminos que recorrerán los visitantes y turistas; los trabajadores del sector turístico, las familias que buscan descanso y los peregrinos y todos aquellos que deseen descubrir la riqueza histórica, espiritual y cultural de los departamentos mucho tiempo olvidados en Córdoba.
Donde la gente se mueve y los caminos se cruzan, la Iglesia tiene mucho por hacer. Recordando el Evangelio de hoy, advirtamos que es posible nos quedemos en lo secundario y olvidemos lo primero. Lo primero es el amor a Dios y al prójimo. Porque puede suceder que nos quedemos valorando la estadística de los visitantes, los ingresos económicos, las necesarias infraestructuras y la competitividad entre los lugares, y no atendamos suficientemente a las personas, a los prójimos, a las condiciones de trabajo, a la protección de las familias y al impacto de la actividad turística en las comunidades locales.
Todos sabemos que el turismo puede contribuir al desarrollo y abrir caminos de encuentro entre diferentes personas y culturas. Pero cuando se absolutiza lo económico, el turismo también puede producir exclusión, explotación laboral, deterioro ambiental, mercantilización de la cultura y sus valores.
Por eso la Iglesia no puede mirar esta realidad que se viene como la ocasión solo de progreso económico. Tampoco puede limitar su presencia a la sola atención religiosa de los visitantes. Desde el Evangelio ha de acompañar a quienes trabajan en ella, proteger la dignidad humana de todos y contribuir a construir un desarrollo verdaderamente integral.
*No basta que los lugares sean atractivos, es necesario que sean humanos.*
*No basta con que una actividad sea rentable, es preciso que sea justa.*
*No basta con recibir al visitante, también debemos cuidar de la comunidad que lo recibe.*
No sólo que nuestras parroquias y capillas estén abiertas, y ofrezcan horarios de misa y de confesiones. Aunque todo eso sea importante, hemos de hacer que nuestras comunidades sean hospitalarias, donde el que nos visita pueda descubrir que la fe cristiana no es una pieza de museo religioso, ni un elemento decorativo de la cultura serrana; sino que es una fe viva, expresiva de lo más importante: el encuentro con Dios y con los hermanos.
Nuestras patronales, peregrinaciones, cabalgatas y caminatas forman un patrimonio espiritual que debemos cuidar y transmitir. Pero este patrimonio no puede convertirse en un simple producto de consumo. Su valor más profundo consiste en conducir al misterio de Dios, a la memoria viva de nuestros pueblos y a la experiencia de una fe que transforma la existencia cotidiana.
También hemos de mirar a los trabajadores del turismo. Detrás de cada hotel, restaurante, excursión o servicio hay personas que sostienen, muchas veces silenciosamente, una actividad que mueve las economías locales. Son hombres y mujeres, adultos y jóvenes con familias, aspiraciones y necesidades espirituales, que merecen condiciones dignas de trabajo, respeto de sus derechos y oportunidades reales de desarrollo.
No podemos olvidar a quienes sirven al visitante mientras sus familias esperan en su casa.
No olvidar a las personas que suelen quedar fuera, vulnerables y explotadas. La dignidad humana no entra en temporada baja y los derechos de las personas no pueden depender de la rentabilidad de un destino turístico.
La Iglesia está llamada a colaborar con los responsables de la actividad económica y con los poderes públicos. No está llamada a sustituirlos sino a ofrecer una palabra, una presencia cercana y un testimonio creíble que ayuden a orientar las decisiones hacia el bien común.
Ojalá seamos capaces de reconocer estas nuevas oportunidades misioneras; de encontrarnos con gente en movimiento que busca descanso, conocimiento, relaciones y a veces, sin saberlo del todo, una experiencia que de sentido a la propia vida.
Que la Virgen y Brochero nos ayuden a comprender que los caminos del turismo pueden convertirse en caminos de evangelización, de fraternidad y de paz.
La medida última no será cuánta gente juntamos, sino cuánto hemos contribuido a que cada persona sea respetada en su dignidad y a hacer visible el amor de Dios por todos.
Gracias a Dios el Camino de Brochero ha sido declarado por el Congreso “Patrimonio Cultural Inmaterial de la República Argentina».
En otro tiempo a otro Congreso le costó aprobar el proyecto del tren, lo aprobó y después no se concretó por falta de plata.
Brochero nos hace peregrinos y Brochero nos hace turistas.
Aquí el turista puede ser peregrino y el peregrino puede ser turista. No cualquier tipo de turismo, sino un turismo sustentable, comunitario, abierto a la búsqueda de Dios.
Así sea, con la ayuda del Padre Brochero.»


