Gracias Francisco por Brochero Beato y Santo!

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Gracias Papa Francisco por confirmar la fe de muchos devotos de San José Gabriel Brochero al proclamarlo ejemplo e intercersor para todo el mundo. Este posteo en nuestra página sea una memoria agradecida y un modo para agradecerle. Como dijo Brochero. «La vida de los muertos permanence en el recuerdo de los vivos». 

Santa Misa Concelebrada por el Párroco Padre Luis Zalazar y el Vicario paroquial Padre Carlos Fillol. 

 

Homilia del Vicario Parroquial Padre Carlos Fillol

I° ANIVERSARIO.  PASCUA DEL PAPA FRANCISCO.  21. ABRIL 2026.

(Ev. Jn,6, 30-35).

“Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”.  Un poco antes: “mi Padre les da el verdadero pan del cielo.”  Cuando el pueblo pedía un Signo.

Hoy nos reunimos en una acción de gracias, eucaristía, para darle gracias al Señor por la vida, por la del Papa Francisco.  Nuestro papa argentino desde el año 2013 al 2025.  El Padre, no sólo nos dio a su Hijo y con Él, el verdadero pan del cielo. También instituyó el sacerdocio y constituyo apóstoles, donde se sigue haciendo presente y nos brinda la mesa de la caridad, en la palabra y la eucaristía.  El próximo domingo celebraremos el domingo del Buen Pastor. Y prolongaremos esta acción de gracias por la vida del papa que nos regaló.  Uno de los nuestros.

La gente preguntó a Jesús: ¿qué signos haces para que veamos y creamos en ti?  Recuerdo de niño y adolecente, en los ámbitos de la Iglesia, siempre se decía que “Argentina es un país Mariano y de amor al Papa”.  Existía una memoria viva del congreso eucarístico del año 1934.  Había resultado un acontecimiento extraordinario, por cantidad de confesiones y comuniones.   Nadie imaginaba un Papa Argentino en el futuro de aquellos años. Tampoco un concilio como el VaticanoII.   Cuando aquel congreso, Jorge Mario Bergoglio, no había nacido. Nació en el 1936, este año cumpliría 90 años y partió a la casa del padre con 88.  El amor al Papa, de los argentinos quedó evidenciado en las dos visitas que hizo san Juan Pablo II. 

Creo y siento de corazón que, hay un signo de amor de Dios para nuestra patria.   Una bendición después de aquel acontecimiento extraordinario del 34.  Lo cierto es que en la historia hay cosas que se leen mejor y se interpretan más, en el tiempo, nunca en lo inmediato.  ¿Cuantos otros signos podemos encontrar?

Quisiera limitarme, en esta memoria agradecida, solo a mencionar algunos aspectos, rasgos, características, actitudes, gestos, del Papa Francisco, que también se convierten en signos de amor y fidelidad de Dios para con toda la Iglesia y en particular con nosotros en Argentina.    Cada uno de estos aspectos, explicarlos y desarrollarlos, nos podría llevar un retiro, un seminario, investigaciones, obvio, mucho más tiempo y no es el momento ni la circunstancia. Incluso con temas polémicos que generó tantas veces, en la Iglesia, fuera de ella y en nuestra sociedad.

Comienzo, por una referencia a la Iglesia.  “Santo Pueblo de Dios” como le gustó llamarla: donde todos, todos, todos, estamos incluidos. Culturas diferentes, pobres, niños, jóvenes, adultos, ancianos, nacionalidades, diversas, búsquedas personales, identidades, credos, movimientos sociales.  Para Francisco todos, son TODOS.  Podríamos decir: que sentía responsabilidad de acompañar y orientar a cada uno y así a todos como verdadero padre.   Con una particular cercanía a los que sufren, en modos diferentes, enfermedades, víctimas de injusticias o distintos tipos de violencias, heridos del camino, emigrantes, excluidos. Situaciones en las que procuró expresar, la misericordia de Dios, por cada uno en su realidad concreta.   Convocó un año santo extraordinario de la misericordia.  Contemplamos el amor de Dios, su paciencia y ternura, por el mundo entero. La Iglesia, hospital de campaña, atiende a todos los heridos.  De manera que al mundo que lo vio y escucho y tuvo trato con él, nos dejó un sentimiento de orfandad.

Nos dio ejemplo de acción pastoral, de caridad pastoral. Un hombre al servicio del mundo.   Su oración en tiempo de pandemia.   Solo, en la plaza del vaticano bajo una tenue lluvia y frío al caer el día.  Oración ante Cristo, de quien se siente vicario y reconoce como tal.  Siervo de los siervos, como se le llama al papa en todos los tiempos.  Intercediendo ante el Padre y procurando docilidad al Espíritu Santo.

Pastor que proponía tener olor a oveja, por estar en medio del pueblo, de los feligreses, ante sus reales necesidades y situaciones.  Para escuchar, acompañar y orientar acorde a la necesidad.  Utilizaba la imagen del pastor, para decir que en algún momento va delante del rebaño, algunos momentos en medio del rebaño, y otras, detrás del mismo; porque las ovejas saben buscar sus pastos abundantes y tienen “olfato”.   Supo, siempre, reconocer la acción del Espíritu Santo en los demás, en cada bautizado y por eso gustaba discernir la acción del Espíritu de Dios en favor de todos.

Así puso la atención de toda la Iglesia, en la Sinodalidad.  Al final del ejercicio de su ministerio, provoca la búsqueda del discernimiento por todos los miembros de la Iglesia, por medio de la escucha mutua y el diálogo.  Como buen jesuita, el carisma congregacional del discernimiento, puesto de manifiesto.  Y en este sentido su permanente preocupación de llevar adelante el espíritu del Concilio Vaticano II, en la quinta década de su realización y del cual no partició.

No esquivó ningún tema o problema, al contrario, asumió y propuso una respuesta o búsqueda de solución.  Dentro y fuera de la Iglesia; pedofilia, lugar de la mujer y su rol eficaz en las instituciones y la sociedad. LGTB. La Paz, en un tiempo de tercera guerra mundial fragmentada.  Habló de una ruptura del contrato social.  Convivió con el nuevo mundo tecnológico y comunicacional, opinó sobre la IA y su futuro.   Hizo referencia del peor cáncer social y así definió la “indiferencia”. Los encuentros ecuménicos, con líderes de otras confesiones religiosas.  Sus viajes a los lugares periféricos del mundo “centro europeo”.   Seguro hay tantos otros temas que no abarco.

Cabe mencionar, desde el primer momento de su pontificado, la búsqueda de respuestas y orientación estuvo marcada por la fidelidad al evangelio. La Buena Nueva, del Señor Jesucristo, muerto y resucitado para el perdón de los pecados en aquellos que creen en El.  Anunció de manera gozosa el Kerigma de la Iglesia, como clave de la misión eclesial y nos propuso vivir “la alegría del evangelio”.

Su primera exhortación apostólica como su última encíclica, encierran la riqueza de su doctrina. “Evangelii Gaudium” y “Dilexis nos”.  Sobre la misión de evangelizar una y el amor humano y divino, del Corazón de Jesús. Un fiel reflejo de todo aquello que tenía para darnos, desde su palabra que acompaño el ministerio con múltiples gestos de coherencia.  Podríamos contemplar todo su ministerio como un su signo del amor de Dios.  De su ternura y misericordia para con sus hijos en la Iglesia.

Deseo invitarlos a terminar agradeciendo al Señor de un modo especial:  Aquí, en Villa Cura Brochero y en Córdoba, el corazón de argentina, como le gustó decir a un gobernador.  No podemos olvidar, en su pontificado, fue beatificado en el año 2013 y canonizado en el 2016, nuestro querido Cura Brochero.  José Gabriel del Rosario Brochero. Primer Santo, quien nació y vivió en la patria y en el interior de ella.  Junto a Mama Antula, son dones que el Señor nos regala como amor que tiene por nuestra patria.  Sumado, por cierto, una lista de beatificaciones como la de Fray Mamerto Esquiú, Mons. Angelelli y mártires Rioja, junto a los de Orán en Salta y cuantos más… la beata Madre Catalina.  Todos y todas de nuestra tierra, nos invitan a seguir caminos de santidad.   Tantos otros signos que suman motivos para dar gracias por tanto amor y ternura en la bondad del Señor y su providencia para esta porción de su Santo Pueblo.  Cuánto para alabar y bendecir y sentirnos agradecidos a Dios nuestro Padre, por el Pontificado de Francisco.  

Por último; quisiera destacar que honró el nombre que eligió, el de Francisco.  El pobre de Asís que saludaba a todos deseando Paz y Bien.   En su testamento, nuestro papa, dejó expresamente escrito que los sufrimientos de sus últimos días los ofrecía por la Paz en el mundo y la fraternidad entre todos los hombres.   Sus restos, no podrían, no reposar en un lugar tan emblemático como el que eligió, Santa María Mayor, Basílica Pontificia.  Iglesia de los pobres en Roma.  Lo pidió, por su amor a la Inmaculada, lugar al que llegó habitualmente a pedir consuelo y compañía como agradecimiento a la madre en todos y cada uno de los viajes y desvelos que emprendió.

Cómo no honrar agradecidos su vida desde aquí el Santuario de Nuestra Señora del Tránsito, con la certeza que el Pastor de todos le dará el premio merecido: «¡Bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor» (Mateo 25:21, 23).

Amén.

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