En una Jornada de fiesta diocesana, en el Santuario de Villa Cura Brochero recibieron el Orden del Sacerdocio Pablo Lasala y Raúl Escobar en la Santa Misa que Mons Ricardo Araya presidió el sábado 26 de Setiembre a las 11 hs.
Homilia Completa de Mons. Ricardo Araya:
«¡Qué alegría tenemos hoy! ¡Qué fiesta para toda la Diócesis!
Damos gracias a Dios que no se cansa de llamar. Damos gracias a las familias que engendraron y sostuvieron esta vocación. A los seminarios que los formaron. Damos gracias a las comunidades que rezaron por ustedes. ¡Gracias, Señor, porque esta mañana sigues eligiendo!
Y el Evangelio de hoy nos pone la música de esta fiesta:
«No me eligieron ustedes a mí, yo los elegí a ustedes. Ya no los llamo siervos, los llamo amigos».
¡Qué lindo! En el día de su ordenación, Jesús les dice: ¡Ustedes son mis amigos!
“yo los elegí” ¿cuando nos elegiste Señor?
Nos elegiste el día del Bautismo. Ese día, sin que hiciéramos nada, nos hiciste hijos de Dios. ¡No hay regalo más grande! Hijos amados y, por eso, hermanos de todos y amigos de Jesús. ¡Qué alegría ser hijo y ser amigo!
Para eso está la Iglesia, para unirnos con Dios y entre nosotros. Fratelli tutti”, hermanos todos, nos decía Francisco. ¡Hoy la Iglesia Diocesana se ensancha con dos hermanos más que se hacen “padres” para todos!
¿Para qué elige Jesús a algunos amigos y los hace sacerdotes? ¡Para servir con alegría!
No para mandar, no para figurar. Para atarse la toalla a la cintura, agacharse y lavar los pies, con alegría. Al servicio del “sacerdocio común” que todos los fieles han recibido en el bautismo. Al servicio de la Iglesia y el mundo.
Jesús lo dice: «Los destiné para que vayan y den fruto, y un fruto que permanezca».
¡Qué entusiasmo nos da ese «vayan»! no se
Vayan a nuestras sierras y quebradas, a nuestras pampas, a esta querida Diócesis de Cruz del Eje que los espera con los brazos abiertos.
Vayan a tres cosas hermosas:
- ¡Vayan a anunciar con alegría! Que Cristo está vivo, que nos ama, que hay esperanza. Estamos cansados de malas noticias. ¡Lleven la Buena Noticia! Se llama Evangelio
- ¡Vayan a bendecir y a celebrar! Con cada bautismo, con cada perdón, con cada Eucaristía, le devuelven la dignidad a nuestra gente. Hacen presente a Dios que quiere hacerse vida en nuestra vida. Vida humana, digna, plena ¡Como lo hacía Brochero, en mula y sin perder el buen humor!
- ¡Vayan a acompañar! A estar cerca. A compartir el mate, la pena y la fiesta. A caminar con el pueblo hasta que Dios sea todo en todos. ¡Qué lindo ministerio nos espera!
Reciben el sacramento del orden como presbíteros para colaborar, para trabajar con un obispo. No puede un obispo cumplir con su misión sin su acompañamiento. El Obispo sin ellos no es “nada”. Y “nada” son los presbíteros sin el obispo.
Me gustaría recordar a Brochero que según sus propias palabras se ha ido envejeciendo, enfermando y le piden que renuncie sin manifestar claramente los motivos
Brochero escribe al secretario del Obispado de Còrdoba desde Nono una carta en 1907 (tiene 67 años). Subraya: “Yo he dicho al Señor Obispo, y le he repetido hasta el fastidio quizás, que como Cura (Párroco) solo lo voy a acompañar hasta que consiga el decreto de la construcción del… (tren)…, pero que -en consiguiendolo- lo acompañaré hasta la muerte, pero como simple soldado que desea morir en las peleas de Jesucristo” (Cartas p 643)
Hay razones humanas y pastorales para esperar que el Obispo sea un padre, que sea un reflejo de la paternal cercanía de Dios, que provoca y acompaña siempre. También hay razones para que los presbíteros se relacionen como hijos y entre ellos trabajen juntos como hermanos. Es muy importante que siempre haya la posibilidad de la “mesa común”, para compartir el pan, así como somos con nuestros límites y dones; animados por gracia del sacramento que nos ha ligado ontológicamente con el Cristo, Sumo sacerdote. La obra encomendada es colectiva, el trabajo es comunitario. Muchachos, no hay lugar para caudillos solitarios o para hermanos a medias. Siempre hemos de tomar en serio nuestras fragilidades y ayudarnos.
¡Seamos soldados que la pelean con alegría porque Cristo ya venció!
Hoy son amigos elegidos y enviados a dar fruto. ¡No me aguemos el vino nuevo! Ese vino nuevo es la alegría del Evangelio. No lo rebajemos con chismes, con cansancio inútil, con quejas amargas. ¡Seamos fieles y fecundos, alegres y cercanos!
Muchachos queridos: la Iglesia de Cruz del Eje, que sueña con llamarse pronto Cruz del Eje – Cura Brochero, los recibe con alegría inmensa.
¿Están dispuestos a ir con entusiasmo, a bendecir con alegría y a acompañar hasta la muerte, aunque haya que pedir perdón muchas veces y otras tantas perdonar?
¡Bienvenidos a esta familia! ¡Bienvenidos a esta hermosa pelea por el Evangelio!
Que la Virgen, la que cantó de alegría porque Dios hizo maravillas en ella, les guarde esa alegría para siempre.


