Traslado del Cristo de Brochero: «El Cristo de los pecadores, de los enfermos y de las periferias»

Araya Misa Cristo 1

Este martes 3 de noviembre, en este Santuario, con profunda devoción y emoción, se vivió la despedida del Cristo de Brochero, que partió hacia la ciudad de Córdoba para presidir la Santa Misa que celebrará el Papa León XIV el 10 de noviembre.

Se trata de la imagen del Cristo con rostro serrano, que soñó y mandó tallar el Santo Cura Brochero, y que actualmente preside la capilla de la Casa de Ejercicios Espirituales de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, en Villa Cura Brochero; quienes custodian esta histórica imagen y la prepararon para este acontecimiento tan significativo y de gracia para la Iglesia.
𝗠𝗼𝗻𝘀. 𝗥𝗶𝗰𝗮𝗿𝗱𝗼 𝗔𝗿𝗮𝘆𝗮, 𝗼𝗯𝗶𝘀𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗗𝗶𝗼́𝗰𝗲𝘀𝗶𝘀 𝗱𝗲 𝗖𝗿𝘂𝘇 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝗷𝗲, 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗶𝗱𝗶𝗼́ 𝗹𝗮 𝗰𝗲𝗹𝗲𝗯𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, con una significativa presencia de las autoridades, fuerzas vivas del pueblo y de la zona,
y una gran presencia de fieles y alumnos de los colegios del Instituto de las Hermanas Esclavas.
También presentes, las fuerzas de seguridad que tuvieron su rol protagónico en este traslado del Cristo a Córdoba.
¿𝗣𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗶𝗲́𝗻 𝗾𝘂𝗶𝘀𝗼 𝗕𝗿𝗼𝗰𝗵𝗲𝗿𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼? ¿𝗔 𝗾𝘂𝗶𝗲́𝗻 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲 𝗮𝗻𝘂𝗻𝗰𝗶𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗵𝗼𝘆 𝘀𝘂 𝗺𝗲𝗻𝘀𝗮𝗷𝗲?
En su 𝗵𝗼𝗺𝗶𝗹𝗶́𝗮, Mons. Araya iluminó estas preguntas recordando la cruz que Brochero envió a Santos Guayama, aquel hombre perseguido y cuestionado por las autoridades de su tiempo, a quien el sacerdote supo ofrecer su amistad, respeto y cercanía.
Brochero no condenaba: se acercaba, tendía la mano y buscaba sanar las heridas de la sociedad. Lo hacía con la convicción profunda de que Jesús había venido a buscar a los enfermos y pecadores, y no a los justos y perfectos.
«𝘌𝘴𝘰 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘦 𝘳𝘦𝘴𝘢𝘭𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘊𝘳𝘪𝘴𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘉𝘳𝘰𝘤𝘩𝘦𝘳𝘰. 𝙀𝙡 𝘾𝙧𝙞𝙨𝙩𝙤 𝙙𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙥𝙚𝙘𝙖𝙙𝙤𝙧𝙚𝙨, 𝙙𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙚𝙣𝙛𝙚𝙧𝙢𝙤𝙨, 𝙙𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙥𝙚𝙧𝙞𝙛𝙚𝙧𝙞𝙖», expresó el obispo.
La historia de Brochero y Guayama revela así el corazón de un pastor que, más allá de los bandos y las divisiones, supo ponerse cerca de los pobres y marginados, comprometido con la justicia, la dignidad humana y la construcción de una patria más fraterna.
Al concluir, Mons. Araya elevó un pedido que proyecta este mensaje hacia nuestro tiempo:
«𝘘𝘶𝘦 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘶𝘦 𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘎𝘶𝘢𝘺𝘢𝘮𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘩𝘰𝘺; 𝘺 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘶𝘦 𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰 𝘶𝘯 𝘮𝘦𝘯𝘴𝘢𝘫𝘦 𝘥𝘦 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢 𝘺 𝘥𝘪𝘨𝘯𝘪𝘥𝘢𝘥, 𝘥𝘦 𝘱𝘢𝘻; 𝘥𝘰𝘯𝘥𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰𝘴 𝘱𝘰𝘥𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘷𝘪𝘷𝘪𝘳 𝘺 𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢𝘳𝘯𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴».
Que este Cristo, ahora llevado a Córdoba para ser contemplado por millones junto al Papa León XIV, siga anunciando el amor misericordioso de Jesús, fortaleciendo la fe y acercándose especialmente a quienes más necesitan esperanza, consuelo y dignidad.
𝗘𝗹 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗕𝗿𝗼𝗰𝗵𝗲𝗿𝗼 𝗾𝘂𝗶𝘀𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗲𝗰𝗮𝗱𝗼𝗿𝗲𝘀 𝘆 𝗹𝗼𝘀 𝗲𝗻𝗳𝗲𝗿𝗺𝗼𝘀 𝘀𝗶𝗴𝘂𝗲 𝘀𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗵𝗼𝘆 𝗲𝗹 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗵𝗮𝗯𝗶𝘁𝗮𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗲𝗿𝗶𝗳𝗲𝗿𝗶𝗮𝘀, 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗲𝘅𝗰𝗹𝘂i𝗱𝗼𝘀 𝘆 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗮𝗾𝘂𝗲𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗺𝗮𝗻𝗼 𝗮𝗺𝗶𝗴𝗮, 𝘂𝗻𝗮 𝗽𝗮𝗹𝗮𝗯𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗻𝘇𝗮 𝘆 𝘂𝗻 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇𝗼́𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗮.
Homilia Completa de Mons. Ricardo Araya:

Señor Intendende, queridas  autoridades, abanderados,  hermanos y hermanas presentes y los que nos siguen por las redes, ¡bienvenidos todos!

¿Para quién fue tallado este Cristo?

Las respuestas son muchas. Pero hay una historia  que ilumina todas las respuestas: la cruz que supo enviar el Cura Brochero a Santos Guayama.

Cuenta un testigo que cuando cuestionaban a Brochero porque se juntaba con gente de mala fama, él respondía:

«La culpa la tiene Jesucristo, que se juntaba a comer con los pecadores para ayudarles a cambiar. Brochero tenía grabado en el corazón unas palabras del Evangelio. Jesucristo no había venido a buscar a los justos y perfectos, sino a los enfermos y pecadores».

Eso quiere resaltar el Cristo de Brochero. El Cristo de los pecadores, de los enfermos, de los de la periferia.

Y me gustaría recordar unas palabras de Brochero dichas a alguien que solemos nombrar sin conocer lo que Brochero pensaba de él. Leer unos párrafos de las cartas que Brochero dirigió a Santos Guayama- Era un montonero de las milicias del Chacho Peñaloza y Felipe Varela, que preocupó a las autoridades cuyanas por sus frecuentes ataques a las poblaciones.

Corría el año 1876 y estaba avanzada la construcción de la Casa de Ejercicios de Villa del Tránsito. Brochero le escribe a Guayama. Y lo hace con «el lenguaje llano, afectuoso, pero también respetuoso, de los amigos adultos».

  1. Le ofrece su amistad.

En cabeza la carta con una expresión que conmueve: *«Mi amigo».

Le dice: «los otros días le escribí una carta en la cual le ofrecía mi inútil amistad».

No se impone. No lo condena. Lo ve con buenos ojos y lo trata con respeto. Brochero busca sanar las heridas de la sociedad, busca que la vida pueda desarrollarse sin muertes y sin otros males sociales.

Y sabemos que el estilo de Brochero impactó en un hombre tan solo y acorralado. Lo halaga explícitamente:

«El otro día le escribí una carta por la que le ofrecía mi inútil amistad, y no dudo, ni he dudado que Usted me ha admitido ya entre sus amigos… yo sé que tiene buenos amigos».

Le recuerda además un regalo que le supo enviar: “una medalla enriquecida con muchas indulgencias, y el retrato de mi persona para que me conociera y me hiciera conocer con sus amigos”. Se hacía conocer para que lo recibiera

  1. Le promete el Cristo.

Y  le recuerda:

 «En esa le prometía un Santo Cristo para que tuviese en su cuello, diciéndome que me indicara con cuál persona le había de remitir una prenda tan preciosa«.

La medalla y el Cristo son dos fuentes sagradas de protección, tan necesarias en un oficio que requiere jugarse la vida, en una existencia tan azarosa, tan amenazada, que su cabeza ha sido puesta a precio y está sentenciado a muerte.

El cuidado de la Madre y Jesucristo como Salvador es un mensaje claro de esperanza y dignidad.. Le manda protección.

  1. Le propone una juntada.

Y termina con algo que es puro Brochero, puro Evangelio:

 «Don Santos: son tantos los deseos de verlo y estrecharlo entre mis brazos que los días me parecen años. ¡Ojalá Dios me hiciera el favor de proporcionarme los medios de verlo en la expedición que haré a los llanos de La Rioja!».

Aquí aparece Dios y su Providencia. Porque Brochero, puesto en las manos de Dios, se pone en manos del montonero.

Brochero es un pastor con el espíritu del Concilio Vaticano II, cien años antes. Miembro del Pueblo de Dios, peregrino en la historia, que sabe optar por los pobres y marginales desde la cercanía y la igualdad. Más allá de los bandos, porque está seriamente comprometido con la justicia, la dignidad humana y la construcción de una patria más fraterno. En todo caso, esto siempre lo pone más cerca de los pobres y marginados.

Hermanos:

Que el Cristo de Brochero, que ahora es llevado hasta Córdoba para presidir la Misa del Papa, sea visto por millones de hombres y mujeres

Que Cristo siga iluminando y fortaleciendo al Sucesor del Apóstol San Pedro, para que seamos todos confirmados en la fe.

Que la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia lleguen hasta las periferias existenciales y geográficas de la Argentina, en este complejo momento que transitamos.

Que llegue a los Guayamas de hoy; y llegue a todo el mundo un mensaje de justicia y dignidad, de paz; donde todos podamos vivir y tratarnos como hermanos.

Amén.

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