Este martes 3 de noviembre, en este Santuario, con profunda devoción y emoción, se vivió la despedida del Cristo de Brochero, que partió hacia la ciudad de Córdoba para presidir la Santa Misa que celebrará el Papa León XIV el 10 de noviembre.
Homilia Completa de Mons. Ricardo Araya:
Señor Intendende, queridas autoridades, abanderados, hermanos y hermanas presentes y los que nos siguen por las redes, ¡bienvenidos todos!
¿Para quién fue tallado este Cristo?
Las respuestas son muchas. Pero hay una historia que ilumina todas las respuestas: la cruz que supo enviar el Cura Brochero a Santos Guayama.
Cuenta un testigo que cuando cuestionaban a Brochero porque se juntaba con gente de mala fama, él respondía:
«La culpa la tiene Jesucristo, que se juntaba a comer con los pecadores para ayudarles a cambiar. Brochero tenía grabado en el corazón unas palabras del Evangelio. Jesucristo no había venido a buscar a los justos y perfectos, sino a los enfermos y pecadores».
Eso quiere resaltar el Cristo de Brochero. El Cristo de los pecadores, de los enfermos, de los de la periferia.
Y me gustaría recordar unas palabras de Brochero dichas a alguien que solemos nombrar sin conocer lo que Brochero pensaba de él. Leer unos párrafos de las cartas que Brochero dirigió a Santos Guayama- Era un montonero de las milicias del Chacho Peñaloza y Felipe Varela, que preocupó a las autoridades cuyanas por sus frecuentes ataques a las poblaciones.
Corría el año 1876 y estaba avanzada la construcción de la Casa de Ejercicios de Villa del Tránsito. Brochero le escribe a Guayama. Y lo hace con «el lenguaje llano, afectuoso, pero también respetuoso, de los amigos adultos».
- Le ofrece su amistad.
En cabeza la carta con una expresión que conmueve: *«Mi amigo».
Le dice: «los otros días le escribí una carta en la cual le ofrecía mi inútil amistad».
No se impone. No lo condena. Lo ve con buenos ojos y lo trata con respeto. Brochero busca sanar las heridas de la sociedad, busca que la vida pueda desarrollarse sin muertes y sin otros males sociales.
Y sabemos que el estilo de Brochero impactó en un hombre tan solo y acorralado. Lo halaga explícitamente:
«El otro día le escribí una carta por la que le ofrecía mi inútil amistad, y no dudo, ni he dudado que Usted me ha admitido ya entre sus amigos… yo sé que tiene buenos amigos».
Le recuerda además un regalo que le supo enviar: “una medalla enriquecida con muchas indulgencias, y el retrato de mi persona para que me conociera y me hiciera conocer con sus amigos”. Se hacía conocer para que lo recibiera
- Le promete el Cristo.
Y le recuerda:
«En esa le prometía un Santo Cristo para que tuviese en su cuello, diciéndome que me indicara con cuál persona le había de remitir una prenda tan preciosa«.
La medalla y el Cristo son dos fuentes sagradas de protección, tan necesarias en un oficio que requiere jugarse la vida, en una existencia tan azarosa, tan amenazada, que su cabeza ha sido puesta a precio y está sentenciado a muerte.
El cuidado de la Madre y Jesucristo como Salvador es un mensaje claro de esperanza y dignidad.. Le manda protección.
- Le propone una juntada.
Y termina con algo que es puro Brochero, puro Evangelio:
«Don Santos: son tantos los deseos de verlo y estrecharlo entre mis brazos que los días me parecen años. ¡Ojalá Dios me hiciera el favor de proporcionarme los medios de verlo en la expedición que haré a los llanos de La Rioja!».
Aquí aparece Dios y su Providencia. Porque Brochero, puesto en las manos de Dios, se pone en manos del montonero.
Brochero es un pastor con el espíritu del Concilio Vaticano II, cien años antes. Miembro del Pueblo de Dios, peregrino en la historia, que sabe optar por los pobres y marginales desde la cercanía y la igualdad. Más allá de los bandos, porque está seriamente comprometido con la justicia, la dignidad humana y la construcción de una patria más fraterno. En todo caso, esto siempre lo pone más cerca de los pobres y marginados.
Hermanos:
Que el Cristo de Brochero, que ahora es llevado hasta Córdoba para presidir la Misa del Papa, sea visto por millones de hombres y mujeres
Que Cristo siga iluminando y fortaleciendo al Sucesor del Apóstol San Pedro, para que seamos todos confirmados en la fe.
Que la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia lleguen hasta las periferias existenciales y geográficas de la Argentina, en este complejo momento que transitamos.
Que llegue a los Guayamas de hoy; y llegue a todo el mundo un mensaje de justicia y dignidad, de paz; donde todos podamos vivir y tratarnos como hermanos.
Amén.


