En el marco de los preparativos para la Visita del Papa León XIV ofrecemos la palabras de nuestro Obispo Diocesano Mons. Ricardo Araya en su homilia predicada en 2020 en ocasión del 7° Aniversario de la Beatificiación del Santo Cura Brochero
«Hoy el corazón está lleno de agradecimiento porque celebramos el séptimo aniversario de la beatificacion de san José Gabriel del Rosario Brochero –yo creo que a él le gustaba que lo llamaran “Gabriel” porque así firmaba-. Le damos gracias a Dios por el regalo de Brochero en esta zona y en la Iglesia toda. Le damos gracias a Dios por los milagros. Por tanta gente que trabajó para la beatificación y la canonización del Cura. Hay que darle gracias, de manera especial, al pueblo fiel, a los serranos, que con sentido de fe supieron que era un santo.Los testimonios dicen que los abuelos y papás de gente anciana decia: “van a ver que el Señor Brochero, va a ser el santo Señor Brochero”.
Esa fe que por obra del Espíritu Santo, impregnó el corazón de los serranos debe ser valorada siempre. Ojalá que nosotros también tengamos esa lucidez que da el Espíritu Santo para no equivocarse para descubrir donde es que está Dios obrando, llamando, animando, abrazando, salvando, haciendo posible que nuestra vida sea Vida de hijos y hermanos.
Hoy el Evangelio dice con toda rotundez: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,17). Este versículo podría resumir la fe del corazón del padre Brochero.
La vida, el servicio y la obra de Brochero son siempre una invitación a mirar a Cristo puesto en Cruz. Él lo supo hacer eso, no sólo en los ejercicios espirituales, sino en el trajinar de cada día por senderos y caminos, por valles y quebradas. Fue un maestro espiritual capaz de levantar la mirada del alma para ver a Cristo delante y puesto en cruz, como había aprendido de San Ignacio de Loyola. Mirar el corazón de Jesús, y contemplar el amor del Padre que nos salvó en Cristo, y Cristo crucificado. Supo ver y admirar en la cruz el amor del Hijo de Dios que se entregó por él, por mí, por nosotros. Esta es la clave de un corazón verdaderamente brocheriano.
Brochero hombre, cristiano, sacerdote supo creer en el amor de Dios manifestado en la cruz. La fe en el amor de Dios lo salvó a él. Lo que salva no son las obras, lo que salva es la fe en Cristo crucificado, lo que salva es la fe en el amor de Dios. Esta fe lo hizo capaz de amar con el corazón de Dios a su pueblo; lo hizo grande en obras, porque como enseña San Ignacio de Loyola “el amor se debe poner más en obras que en palabras”.
Brochero hombre, cristiano, sacerdote con los ojos puestos en la cruz. No fue un héroe solitario, un buscador de aplausos y recompensas; fue un verdadero animador y promotor de los talentos de los serranos; a Brochero le gustaba ser pueblo y con la responsabilidad de un padre.
El Padre José Pío Angulo le dió los últimos sacramentos. Brochero pidió que le colocaran la sotana, eran como las cinco de la tarde del sábado 24 de enero de 1914. Brochero entero, resignado, piadoso. Dijo mirando a la Hostia consagrada: “esta es la despedida”. Cuando el Padre Angulo le refirió que le esperaba Dios y tantos a los que había ayudado como párroco y en la Casa de Ejercicios -porque Brochero es santo junto con tantos otros santos que vivieron junto con él: son “santos en racimo”- dijo: “Si, porque los papeles están rotos”.
Le preguntó el sacerdote sí eran los papeles de los que hablaba San Pablo en la Carta a los Colosenses y que habían sido roto por la Cruz de Cristo (cf. Col 2,14), dijo: “No sólo eso. También los documentos personales, porque si alguna parte hubiera tenido el diablo, el documento está rasgado, y de boca no cobra nadie”.
Con la esperanza puesta en la Cruz se fue Brochero, sin perder nada de su original manera de abrir el alma.
Que la Cruz nos libre de los males presentes
que nos eleve hasta el corazón de Dios Padre
que la Cruz lleve a la vida eterna a nuestros hermanos difuntos
que nos conceda el don de la fe y nos llene de luz
Por tu cruz, sálvanos, Señor»
+ Ricardo Araya
Obispo de la Diócesis de Cruz del Eje


